A Fragile Enchantment de Allison Saft (PDF-EPUB) Español descargar

 



Niamh Ó Conchobhair nunca se ha permitido añorar más. La magia en su sangre que le permite unir emociones y recuerdos en una tela es la misma magia que eventualmente la matará. Decidida a dedicar el poco tiempo que le queda a garantizar una vida mejor a su familiaa, Niamh aprovecha la oportunidad para diseñar el vestuario de una boda real en el reino vecino de Avaland.

Pero Avaland está lejos de ser el cuento de hadas que ella imaginaba. Mientras los jóvenes nobles asisten a bailes a la luz de las velas y elegantes fiestas en el jardín, el malestar se gesta entre la clase trabajadora. El propio novio, Kit Carmine, es quisquilloso, abrasivo y, a regañadientes, lo arrastran al altar como un peón político. Pero cuando Niamh y Kit se acercan más, una amistad improbable se convierte en algo más, hasta que un columnista anónimo comienza a hablar sobre su química y promete dejarlos en paz solo si Niamh ayuda a descubrir los secretos de la familia real. La podredumbre en el corazón de Avaland es profunda, pero exponerla podría poner en riesgo un futuro con el que nunca se permitió soñar y un amor que nunca creyó posible.


aqui



FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO A TODOS Y ESPERO VOLVER A SUBIR COSAS AL BLOG ESTE AÑO NUEVO!!!!!!!!






Los Huerfanos de Andromeda - Capitulo 5 (Prologo)

 







Prologo

 

-Quizás debas pensar bien tus respuestas chico, tratar de recordar. Tu vida depende de tus recuerdos ahora mismo.

La voz era un hombre tosco y rudo, alto, en sus 40. Detrás de él había un enano de barba y gafas. Ambos vestían los uniformes regulares de la policía de investigación regional.

Solían manejar los casos urgentes y a sospechosos más peligrosos en la ciudad de primera mano. Mientras que la policía regular era delegada a coberturas de la zona de un crimen y reclutamiento de testigos.

El detective alto se llamaba McNeil, mientras que el enano solo respondía al nombre de Rollo, aunque Señor Rollo le gustaba más.

McNeil y Rollo no tenían mucho tiempo esta vez. Tenían en sus manos algo grande, un sospechoso de un posible ataque mágico-terrorista en un centro comercial.

La brigada Azul pronto vendría, y con ellos los superiores, esos hombres de negro que todos odiaban por lo espeluznantes que eran.

“Cerdos Engreídos” –pensó McNeil.

Rollo en cambio, solo pensaba en que estaban haciendo algo estúpido, y que si su compañero buscaba un ascenso esta no era una buena forma, aun si conseguían que el sospechoso hablara.

Estaban un puesto policial alejado del centro de la ciudad, lejos de las cámaras de la prensa y de ojos curiosos. Si esto era lo que parecía el chico no estaba solo.

-Se… señor, ya le dije solo estaba con mis amigos de compras, ya sabe, unas cartas coleccionables de anime. Luego hubo una explosión y… no lo sé solo corrí. Yo solo… corrí.

El chico lucia demacrado. No debía tener más de 18 años. Estaba todo sucio, tenía el cabello corto algo quemado, pero había algo en sus ojos. Algo no se sentía bien.

-Y una mierda! –espeto McNeil-. Estas mintiendo, y fingiendo, puedo olerlo. Además te tenemos en cámara.

-Oye, chico, si eres lo que creo que eres solo dilo. No tiene caso seguí jugando –dijo Rollo con los brazos cruzados.

El chico miro al enano con desdén, luego al otro detective. Suspiro y asintió.

-El reloj corre señores, si me dejan ir ahora, quizás los deje en paz –dijo.

Un escalofrió recorrió el cuerpo de los detectives, y el par de hombres del equipo swat que había escoltado al sospechoso y que estaba detrás de él, en las sombras de la sala, levanto el seguro de sus armas al unísono. Simplemente como una respuesta natural, como los orejas erguidas de un ciervo mirando a lo profundo del bosque, sintiéndose observado por un depredador.

-No iras a ningún lado –dijo McNeil-. Lo que harás es decirnos tu nombre, y como un escuálido como tu sabe magia.

Saco unas fotos que mostraban una secuencia en cadena , del chico peleando con unos agresores misteriosos, primero en una pelea común, como de pandillas; y luego con luces saliendo de su cuerpo y quemando todo alrededor, incluyendo decenas de personas inocentes.

-¿Magia? Que mierda es eso. ¿Así llaman ahora a los de mi clase?

El chico comenzó a reír. Como si todo esto no fuera más que un juego para él.

-¿Dónde está tu varita chico? Es imposible que no tengas una. Como hiciste esto sin una. Vamos responde.

El chico simplemente se aguantó la carcajada y respondió:
-¿Quiere mi varita detective? Aquí tengo una, grande y larga, para usted.

El golpe vino a una velocidad tremenda, McNeil era un tipo enorme, un ex marine; en sus mejores días un golpe dado por él podía partirle la cara a cualquiera… el chico escupió saliva, y algo de sangre. Pero ni se inmuto.

McNeil sintió como si hubiera golpeado una pared. No podía ser.

¿Qué clase de magia era esta? Miro arriba y los sensores verdes estaban a toda potencia. Mientras la luz verde y los fotones inundaran la habitación. Nada ni nadie podía usar magia aquí.

Una radio sonó, alguien aviso que los Fae estaban en el lugar y pedían hablar con McNeil.

Tronándose los dedos salió de la habitación, Rollo se sentó frente al chico, y le extendió una botella de agua.

-¿Cómo beberé eso, enano? Estoy esposado.

-Usa esa bocota que tienes. Agáchate y chupa.

El chico echo una carcajada. Los rasgos de su cara eran cada vez más afilados, hasta sus dientes parecían haber cambiado su fisionomía.

Fuera de la sala. McNeil llego al encuentro de los orejas puntiagudas.

Eran dos, y estaban escoltados por diez soldados fuertemente armados.

-Detective. Venimos por el sospechoso.

-Lo sé, señor…

-Agente Vican, no necesita saber el nombre de mi compañero.

McNeil le estrecho la mano al Fae, estaba fría. Aun así no evito sentirse intimado, el cabello largo y lacio, la piel blanca; una mirada plateada invasiva. Los Fae tenían su reputación ganada. Definitivamente eran un enigma que atraía a todos los mortales. Como moscas a la luz. Pero también eran peligrosos.

Ambos faes tenían un portafolio cada uno. Lo cual era raro. McNeil los acompaño a la sala y en el camino fue charlando un poco más de lo acontecido.

-Debe ser un aprendiz de mago ilegal. No hay otra explicación –dijo.

-Los magos no operan desde hace años detective, lo sabe. El gobierno prohibió el estudio y la actividad.

-Puede ser de los rumanos. Les da igual cualquier ley. Ya eran criminales antes.

-Puede ser detective. Pero tendremos que llevar al sospechoso a otra locación donde se pueda analizar su cuerpo.

-¿Cuerpo? Van a ejecutarlo… -espeto McNeil.

-Es el procedimiento –el Fae se froto una ceja algo nervioso-. Con la ola de ataques terroristas que hay, no podemos darnos el lujo de dejar a los enemigos de la Paz con vida.

Mientras tanto, en la habitación verde. El chico acusado contaba, una serie de números, en voz baja.

-¿Qué haces? –pregunto Rollo algo encabronado.

-Llamando a alguien, que más.

-No eres un mago –murmuro el enano.

El chico giro la cabeza.

-Vaya genio, no sabía que podían pensar. Los de tu raza siempre me parecieron unos imbéciles.

El enano trino los dientes, pero se calmó al instante.

-¿Quién eres en realidad? –pregunto, de nuevo en voz baja.

-Creo que lo sabes.

Los ojos del chico se tornaron rojos y el enano en ese momento lo supo.

Una historia de terror que una madre enana le diría a su niño hace 200 años; “si ellos vienen no puedes correr, no puedes esconderte… pero no si eres buen niño, no te hará daño, no viene por ti…pero si eres malo, no corras, oh no, arrodíllate y pide una recompensa. Que te mate con honor y rápidamente, porque no querrás enfrentarte a ellos, o no mi niño.”

-Legion! –exclamo el enano, y atino a sacar su arma.

Una explosión se sucedió a través de los cristales de la sala, un rayo luminoso de color rosa impacto en el chico y destruyo la pared detrás de él y a los guardias armados por igual. El enano cayó al suelo, y detrás del vidrio roto, ambos Faes se encontraban apuntando los cañones de unas extrañas armas en forma de escopetas. Rifles de pulso. Ante la mirada sorprendida de McNeil.

Cuando el humo se disipo, la sonrisa burlona del chico brillo ante la luz verde.

-Buen intento insectos.

Se puso de pie destrozando las cadenas con sus manos y extendiendo una palma en dirección a los faes. Acto seguido un leve sonido y una explosión de carne gris y sangre azul salpico a McNeil y el resto de soldados detrás, que muy lentamente habían comenzado a abrir juego.

McNeil se tiro cuerpo a tierra y mientras los policías corrían en todas direcciones sin saber que los estaba atacando, busco escapar. Era inútil intentar nada. Nunca había visto algo así, esa cosa no era humana. No era un mago.

El chico simplemente camino por los pasillos en puntas de pie, como bailando una danza; chasqueaba los dedos y hacia explotar a cualquiera que lo enfrentara; y cuando se aburría dejaba que los que se quedaban sin balas lo golpearan un poco para luego usar sus manos de manera directa y con su superfuerza devolverles los golpes. No termino bien para los soldados, al menos lo que quedaba de ellos.

Cuando estaba cerca de la salida, el chico escucho el sonido de las sirenas y helicópteros a lo lejos. Se cortó los pies con unos pedazos de vidrio e increíblemente sintió dolor.

-Mmm.

Luego unos disparos cruzaron el aire. Era McNeil.

Las balas rebotaron en la cabeza y torso del chico, y lo hicieron enfadar.

McNeil recargo el fusil, mientras el chico con un pantalón hecho añicos y el abdomen al descubierto, caminaba hacia el como un lobo a su presa.

La siguiente lluvia de balas ni siquiera llego a tocar al chico esta vez. Simplemente se detuvieron en el aire ante la mirada de este, como obedeciendo a un nuevo amo; y luego cayeron como moscas metálicas al suelo.

-No puede ser –exclamo McNeil.

El chico extendió su mano hacia arriba y bajo la palma abierta en forma de flecha, formando una línea en diagonal… lo que siguió luego fue una onda expansiva que partió el edificio a la mitad, como una chuchilla invisible. McNeil cayó al suelo, en dos mitades. Su cuerpo sin vida fue visto por el enano Rollo. Quien grito lleno de furia.

-Legionario!

-¿Qué quieres enano? Me tengo que ir.

-Una buena muerte, es la única recompensa.

-Ah, claro, había olvidado lo tercos que eran los de tu reino.

El enano dio un salto impresionante desde veinte metros con su hacha y cayó sobre el chico, una polvareda se levantó y el ruido de un impacto retumbo, provocando que unas vigas y una pared se derrumbaran detrás.

-Fallaste enano –exclamo el chico con una sonrisa.

Pero cuando el polvo se disipo, vio que no había nadie allí. El enano estaba detrás de él. El brillo del hacha se reflejó en sus dientes y su cuello absorbió el impacto.

El chico se enfureció y tomo el metal rompiéndolo en mil pedazos con una mano, mientras que con la otra tomo del cuello a Rollo.

-Eres muy confiado legionario –sonrió entre dientes el enano, mientras se esforzaba por no asfixiarse.

-Aun así, tu ataque fue inútil.

-Así es. Ahora termina con esto, mis hermanos me esperan en el Valhala.

-¿Por qué te daría el placer?

El enano no entendió.

-Que…

-Vive para morir otro día. Esa es tu recompensa.

El chico soltó al enano, pero este siguió flotando, estrujándose y pataleando. Luego con un movimiento de su mentón, el chico hizo volar al enano fuera del edificio, como si fuera un pedazo piedra pequeño, en dirección a la bahía, que estaba a medio kilómetro.

“Donde estas, amado mío”

Una voz resonó en la cabeza del chico. Este se sorprendió y sonrió.

-Najya! Qué bueno oírte. ¿Estás bien?

“Si”

El chico camino afuera y unas gotas de agua comenzaron a caer sobre él, era una incipiente tormenta que yacía sobre la ciudad.

-Dime donde estarás, y iré por ti Najya –dijo mirando al cielo.

“Caerás en medio del océano, las drogas en tu cuerpo son muchas”

-Sí. Maldita sea. No tengo demasiado tiempo.

“El plan está en marcha. Debes esconderte hasta que envíe a alguien por ti”

-Está bien. No dejare rastros esta vez. Nadie encontrara al chico.

“No te preocupes. El chico hará su parte, él te traerá hacia mí, Y entonces tomaremos lo que nos quitaron”

-Así es…Najya yo… lamento tanto no haberte salvado…

“No importa. Estamos de vuelta, porque son débiles y tienen miedo. Pero nosotros no. Somos…

-La Legion.

“Así es mi querido”

-Te amo Najya, me despido por esta vez.

“Te estaré esperando mi Rey”

El chico sonrió, y en ese momento se elevó al cielo, flotando mientras miraba los escombros y los cuerpos de los soldados y policías desparramados por todos lados. Una luz brillo en su pecho y al apunta hacia abajo una explosión arraso el lugar, 200 metros a la redonda.

A lo lejos, el chico vio unas naves del gobierno venir en su dirección, las destruirá solo para divertirse más; pero debía esconderse.

Se agito.

-No… más tiempo.

Floto un poco más hasta perder el equilibrio y cayó al suelo con violencia.

Se puso de pie, y algo cojo, comenzó a correr en dirección a la noche de la ciudad. Perdiéndose en la oscuridad, donde sus ojos rojos poco a poco dejaban de brillar. 






Capitulo 3 y 4 (Los huerfanos de Andromeda)

 






Capítulo 3

 

“… Tropas de las Colonias han reforzado La Frontera en Arcadia. La enorme selva y las inclemencias del tiempo han hecho difícil la operación según el general Titus. Bombarderos y Cazas fighter, han inundado los cielos nocturnos para preparar una ofensiva dispuesta a finalizar el reinado de terror del Dictador Kumele Tchomen, y ayudar a las tribus locales”.

 

Cambie de canal con una elevada dejadez y pesadez.

 

“… Porque en el árbol de Elias encontraras la miel, y miles de regalos para jugar, ponte una máscara, y se buen niño, y habrá lugar para ti en el árbol de Elias, solo debes saltar, y tocar la pantalla, y Elias te buscara”

Mmm, creo que veía de niño ese programa infantil, no sabía que seguía al aire.

 

“… Bienvenidos al Cuarto Rojo; mis pequeños lobos de la audiencia, hoy analizaremos los casos de aducciones más desconocidos de la década pasada. ¿Se trata de granjeros y mujeres aburridas y alcohólicos? ¿O tal vez chicos bromistas? O es posible que en la infinidad del espacio, seres de otros planetas viajen a visitarnos y estudiarnos, descúbralo esta noche…Auspicia el programa, cigarrillos koala”

 

-Que estupidez, ya no hay nada bueno en la tele –dije en voz alta.

-No crees en los marcianitos verdes?

Pegue un salto cuando escuche la voz de mama.

-Jul, porque no avisas antes de entrar a casa, me diste un susto.

Ella sonrió y dejo sus llaves y chaqueta sobre una repisa. Mama llevaba días trabajando ya. Sheriff Julia Winchester. La mayor parte de la semana se la pasó fuera de casa, lo cual serie algo preocupante, a no ser porque todas las cosas que hizo fue ir a cenas y almuerzos con medio mundo; mama tenía ese efecto en las personas, todos eran amables con ella.

-No hay nadie en el cielo Jul, y si hubiera sin duda tendría más interés en un Koala fumando que en los humanos.

-Siempre tan optimista… Te lo dije, no todo el mundo es un idiota o mala persona; por eso no tienes amigos.

Me quede observando a mama incrédulo. Pero no quería discutir, ni pelear por lo mismo de siempre. Mama parecía no ser consciente que casi todo en mi vida era afectado por sus decisiones. Pero no era un día para pelear. No.

-Sigo prefiriendo a los animales, así que gracias por el consejo.

Me levante del sofá y fue por una bebida y una porción de pizza de la caja que mama había traído.

-Hable con el director de la Preparatoria –exclamo mama mientras acomodaba unas cosas en la cocina-. Crenig o algo así. Es un buen hombre y te admitió en las clases nocturnas. Solo debes ir y el firmara los reportes. Le dije que eras inteligente y que podías empezar mañana mismo las clases normales con los demás, pero no se puede a mitad de año… así que. Habrá que acomodarse hasta eso.

-Entonces… -masque una aceituna-, iré con los vagos, delincuentes y chicas malas del pueblo hasta que me acepten en algo mejor. Bien. Perfecto.

Mama me miro con el ceño fruncido y suspiro.

-Quizás hagas amigos que sean como tú, ya sabes, rebeldes.

Enarque una ceja. Ella siguió:

-A lo mejor y conoces alguna chica mala. A este punto, temo que no seré una abuela de paseo con su nieta por el parque en un futuro próximo.

Mama estaba bebida, de nuevo. Solía soltar este tipo de cosas en esos momentos. No me enoje ni nada, simplemente era ella hablando sin filtros y me causaba gracia lo poco que sabía de mi realmente.

-¿Nieta? Porque asumes que tendría una niña? Podría tener un niño.

-Mmm… - ella se acercó y me pellizco los cachetes-, otro rebelde como tú, mejor no, quien sabe las cosas que haría en casa, sería como una ardilla corriendo por todo el lugar y rompiendo cosas. Las niñas son más civilizadas, sí señor.

Mama se fue a dormir luego, balbuceando algo de que le deje dormir mañana, que era domingo.

Ella no sabía que mañana me iría, al menos se quedaría con este recuerdo de una cena y mi sarcasmo heredado como algo digno de recordar.

Lo siento Jul, no podre cumplir con tus planes. Si quiero tener una vida debo irme lejos; no puedo seguir atado a que mañana te peleas con alguien en algún lado y debamos mudarnos de nuevo, ni siquiera puedo estudiar algo, ya ni hablar tener una vida más normal; llegue a ese punto que la comida comprada y los programas de marcianos de medianoche no son entretenidos ni saludables.

Mañana me iría.

 

 

Capituló 4

 

1 mes antes. En la Ciudad de los Ases

 

Solo era un humilde apostador de gafas y saco alquilado en un bazar chino. Tenía que simular mi mejor momento de Rain man; ya saben, esa peli de Tom Cruise y su hermano genio que apostaban y al final ganaron mucho dinero en un Casino. Era un niño cuando la vi, así que apenas recuerdo como terminaba.

 

Me senté en la mesa de la ruleta al fondo, a mi lado estaba dos tipos de mediana de edad, excedidos en pollo frito y carnes asadas; pero que lucían bastante adinerados; había una mujer cerca, vestido rojo con escote, su rostro parecía el de una muñeca pintada, era difícil no verla. Cerca de mi estaba un anciano de buzo y gorro negro, llevaba gafas así que no podía discernir si me miraba a mi o a la chica. A mi derecha estaba una señora de mediana edad, algo regordeta pero bien vestida, parecía una buena mejor, me recordaba a mama, antes de que empezara con su problema de bebidas.

-Bien señores y señoras, hagan sus apuestas, tiraremos una de prueba , y luego comenzamos –dijo la crupier, una chica llamada mary, por su credencial.

Jugo con la pequeña pelota en sus manos, y yo hice lo propio con la pequeña bola que tenía en mis pantalones… literalmente tenía una copia exacta de la pelotita de la ruleta. Salude a Mary con la mirada y ella devolvió el saludo amablemente; la había conocido más estas semanas cuando venía a jugar y perdía, aunque le dejaba unas fichas de propina. En algún punto me dejo tocar la pelota, me dejo sentir su peso, su relieve, su tamaño. Y era de hora de poner a prueba todo ello.

Mary tiro la pelota con un movimiento de pinza de sus dedos, y su pelo lacio se corrió de su cara al hacerlo; era algo común en los grupiers hacer las cosas dramáticamente.

La pelota salió disparada con mucha velocidad, tanta que termino saliendo de la mesa y cayó en mi dirección en el suelo. La levante ante la mirada de todos y la devolví. Mary pidió disculpas y volvió a intentar.

-Aquí vamos!

La pelota esta vez salió a menos velocidad, pude verla; y entonces pude sentirla; primero en mi cara, luego en mi boca, luego en mi piel, hasta llegar a mis manos. Se sentía bien, en mi mente siempre se sentía como así.

Podía controlarla con la mente.

Sí.

Puedo mover y controlar cosas con la mente.

Moví mi cabeza ligeramente y rechine los dientes, enfoque mis ojos en el Cero, verde. La ruleta se detuvo luego.

-Verde! Vaya esta noche es de buena suerte. ¡Hagan sus apuestas! –exclamo Mary.

Puse primero unas fichas en el 22, me gustaba el número. Perdí, el anciano a mi lado echo unas carcajadas, la bola cayo en su número.

Estaba bien, era parte del plan, perder un par, y luego ganar dos, la ultima la más fuerte.

-Numero 8, número 20, numero 31…

Oh mierda, falle todas, y eso no era parte del plan. De repente todo lo de Rain man comenzó a sonar como una maldita broma. Enfoque mis ojos y mi mente en el 36, pero la pelota solo seguía su voluntad. La del azar.

Los italianos gordos festejaron, habían acertado un par de números. La mujer de rojo sonrió mientras las manos de uno de los sujetos se posaban en sus piernas. La otra mujer a  mi lado simplemente lucia algo triste porque había perdido casi todo.

Suspire y me levante con mis fichas, fue al baño, y cada paso que daba sobre el suelo alfombrado era como pisar lava de un volcan. Solo me quedaban 200 dólares de los 1000 que había llevado esa noche, y ya había perdido 500 las noches anteriores solo por hacer el tonto. Porque no podía direccionar esa estúpida pelotita, era por la velocidad, o porque esa chica la lanzaba con algún efecto.

No… no puede ser.

Saque la pelota falsa de mi bolsillo y la hice levitar frente al espejo. Estaba solo, así que no había problema.

Era perfecto, hasta podía hacerla girar sobre su eje. Sin dejar de hacerlo, estire mi  mano hacia un costado e hice levitar el bote de basura, alto, muy alto, solo para probarme a mí mismo que estaba en buena forma. Generalmente podía hacer levitar cosas más pesadas, pero el problema no era ese, sino mantenerlas estables en el aire, o moverlas incluso de un lado a otro. Era como llevar una pila de platos, o diez vasos en tus dos manos apretando con tu pecho, equilibrio. Muy mucho muy importante.

Alguien abrió la puerta del baño y las cosas se me cayeron, la pelota sobre mi mano, el bote sobre el suelo haciendo un desastre.

Me moje la cara y el pelo y Salí. Renovado, o al menos eso quería creer.

Me senté de nuevo, esta vez sin mí saco, solo con mi camisa celeste arremangada; algo en mí debía lucir distinto porque la mujer de rojo estaba clavándome la mirada, y los demás igual.

-Bueno, ultimas tiradas con el bonus, recuerden, esta vez se paga todo si aciertan.

Mary corto el aire con su voz y energía y fue allí cuando mi miro. Su pintalabios, su maquillaje alrededor de los ojos, no me había percatado de que lucía diferente hoy. Entonces una idea cruzo mi mente. Si ella estaba con tanta energía y alegre, no había manera que largara la pelota más despacio. No. Tenía que estar nerviosa, o preocupada. Para que simplemente la pelota se le escurriera de las manos.

Entonces hice mi jugada. Aposte 200 al 36. Ella y algunos de los jugadores me miraron algo sorprendidos. Y fue allí cuando le guiñe un ojo y le sonreí. No tenía el encanto de mi madre ni su belleza, pero si algo sabia era que una chica que se vestía bien y se maquillaba tanto y era amable contigo, era porque estaba receptiva a alguna señal siempre. Esa era mi señal.

La ruleta giro y a ella se le escapo la pelota.

Todo lo demás pareció ir en cámara lenta, los italianos fumando, el viejito bebiendo, la mujer de rojo de pie, la otra mujer asustada porque también eran sus últimas fichas… y la pelota bailando lentamente y saltando de numero en número hasta llegar al 36, donde permaneció un momento antes de caer definitivamente.

-¡Sí! –grite.

Los demás soltaron alarido y murmullos que resonaron fuerte en el salón. Muchos levantaron la mirada en nuestra dirección y algunas copas se chocaron.

-Treint… treinta seis! –exclamo Mary la crupier.

Los italianos sonrieron, el anciano de mi lado ya se había ido, la mujer me deba la mano, mientras que la chica de rojo aplaudía mi suerte.

Acababa de ganar 500 mil dólares. Lo había logrado. Había conseguido el dinero.

Me despeine un poco, y al recibir las fichas le di una propina a la chica crupier (disculpándome interiormente porque haberle guiñado el ojo) y a la mujer deprimida a mi lado que lo había perdido todo. Fueron 10 mil a cada una. No lo podían creer.

Yo sí.

Créanlo.

Yo hice mi propia suerte.

Pero toda mala acción tiene un karma. Y no sabía en ese momento que mi brillante plan se iba a desmoronar cuando el karma iba   a venir por mí en Nauchatel. E iba a venir esta noche, este domingo.

 

 


Volumen 1, Capitulo 1- Los huerfanos de Andromeda






 


Capitulo 1

 

Una canción, golpea y desgarra el viento; es eso. El eco retumba en el cielo violeta, el dolor, los pinchazos… la sensación de estar encadenado al suelo. Muerdo, trago, mi pecho se infla. ¿Esto está entrando o saliendo de mi boca? ¿Pero qué es?

-¡Esto es lo que querías! O quizás, te equivocaste de nuevo y eres tímido para decirlo.

La canción, más clara, más cerca. Es la voz de una niña. Logro mover mi cuerpo y sentarme, nada me sujeta, nada en mi pecho… solo el aroma a hierba, no…, a flores, valerianas. ¿Cómo se que flor es? El ruido de unas olas golpea mis tímpanos, a lo lejos se ve un océano, pero está en el cielo, son nubes de agua! No distingo los colores. Violeta, azul. Naranja. Siento que si me pongo de pie flotare hasta ese cielo de un mar calmo pero amenazante.

No puedo volar. No puedo.

-¡Ey, Caleb!

Es la voz de una niña, ¿Ella estaba cantando?

-¡Tonto! –exclamo soltando una carcajada.

Sonaba tan natural, como los latidos de mi corazón, yo conocía esa voz, esa risa, que…

-¡Despierta ya!

Abrí los ojos y salte del asiento, dándome la cabeza contra la ventana del coche.

Mama me sostenía con una mano mientras con la otra agarraba el volante, algo asustada, con los ojos exaltados.

Freno el coche lentamente. Y a juzgar por su expresión parecía que algo le había pasado a mi cara.

-¿Qué mierda fue eso? –pregunto en su tono más cordial, por así decirlo.

Revise mi cuerpo, pensando que quizás habíamos evitado un choque o algo así; pero pronto me di cuenta de que el problema era yo. Mis manos estaban rojizas, mi cara también, y… había lágrimas en mis mejillas. ¿Qué mierda acaba de pasar?

-Una pesadilla… -dije, recuperando el aliento.

-¿Otra vez? –exclamo ella en tono preocupado, con una pizca de cansancio en su semblante.

-Si –murmure.

-Creí que la medicación estaba funcionando. Dios mío. Otra vez tendremos que ver a alguien. Estas hasta arriba de fiebre y tu piel tienen erupciones.

Ella se reclino sobre su asiento, tomando un largo respiro. Luego busco en su cartera y me dio unas pastillas de un color no habitual a las que tomaba siempre, unas azules esta vez.

-Lo siento, yo, olvide tomar las otras ayer –admití, culpable.

Mama se llevó las manos a la cara y corrió sus mechones rojos. Tenía el pelo más corto de lo normal, pero aun así lucia desaliñada, o era el estrés de la situación, o de la mudanza.

-Chico tonto –cerro los ojos y busco calmarse-. No importa, los síntomas no deberían ser tan agresivos, debemos ver a otro especialista, tan pronto como nos acomodemos. Bebe un poco de agua. Estamos a solo 20 kilómetros.

El resto del viaje comí unas papas y básicamente todos los snacks que había comprado con la tarjeta de mama en una gasolinera al sur. Ya me sentía mejor. Quizás solo necesitaba agua. ¿Agua? Mire al cielo, solo nubes, no había olas gigantes viniendo en mi dirección. Solo un sueño, solo una pesadilla. Pero de alguna manera sentí algo dentro de mí, adrenalina, nunca tuve miedo de las olas, porque nunca vi una en mi vida.

 

Capítulo 2

 

Llegamos por la noche a Nauchatel, ciudad pequeña en la frontera de las Colonias Mapple. Un valle rodeado de montañas al norte, y bosques al sur. Por supuesto no me fije en el paisaje, era de noche, apenas si había luces en la calle y en la casa. Ah, la casa. Por la mañana me daría cuenta de cuál era la situación, ingenuamente me dormí en uno de los sofás del living junto  a una chimenea apagada. Al otro día unos hombres del pueblo vinieron a ayudar con la mudanza y acomodar el lugar mientras un par de señoras amables terminaban de limpiar los rincones. Era gente caucásica en su mayoría, supongo locales; todos tenían esa mirada curiosa, mas sobre mama que sobre mí. Y fue luego de eso que Salí afuera y  finalmente tome conciencia de que era este lugar.

¡Era una mansión!

Bueno, no tanto. Pero si una casa enorme de dos pisos. Algo vieja y despintada, y cuando lo pensé mejor, parecía la casa del asesino de Psicosis. Sí. Definitivamente este lugar era algo perturbador. Ahora entiendo el precio.

-Parece la casa de Psicosis cierto? –Dijo mama detrás de mí.

Llevaba una camisa a cuadros, unos jeans y botas, y una gorra trucker. Se había mimetizado con la población local más rápido que un camaleón.

-No lo sé, quizás si la pintamos –dije. El sol ya había salido y tuve que cubrirme la cara.

-Ponte algún abrigo, estamos en otoño y aquí es distinto al sur.

Mama paso a mi lado y fue directo a compartir algo de café con los ayudantes.

Me di la vuelta y revise mis bolsillos arrugados; me había dormido con ropa, como casi siempre. Saque un bollo de  papel y cuando lo desenvolví respire aliviado, los sellos no estaban rotos. El cheque aun servía.

Mama no sabía de esto. No podía. El cheque lo había conseguido de manera muy estrambótica y solo tenía que ir a la sede bancaria más cercana para intercambiarlo por efectivo. Eso era todo. Un bolso grande, algo de ropa, y podía por fin decidir mi destino. Una decisión. Ir al oeste en el primer tren que encontrara.

Ver el océano.

Allí cerca de donde vivía Ben, uno de los tantos ex novios de Mama que me había criado por un tiempo. Era carpintero y solía hacer cunas y juguetes de ese tipo, para niños. Estuvo seis meses con mama antes de que nos mudáramos. Sé que él quería estar con mama de manera más seria y formal; pero ella no era de formar lazos. Yo sí. Ben me dijo que iría  a trabajar al Oeste, que tenía un hermano surfer allí, que podía ir cuando quisiera o si algo sucedía con Mama.

Lo pensé un tiempo, más de un año.

Conseguí el dinero.

Tome la decisión.

Iba a dejar a Mama.

Tenía muchas razones. La principal era que estaba cansado de viajar pero siendo honesto, la real razón era la de no tener amigos, ni, bueno… amigas, por así decirlo. Era difícil formar vínculos con mis compañeros de preparatoria sobre todo cuando sabía que mi madre era Policía. Podía entenderlo, los chicos geniales y las chicas problemáticas tienden a ocultar muchas cosas. Y yo no era de videojuegos o libros de dragones para ser amigo de los chicos menos populares; simplemente me veían como un bicho raro todos por igual.

¿Podía cambiar eso si me iba? Quizás sí. Un nuevo nombre. Un nuevo comienzo.

Había mas razones. Obviamente.

Aun así no quería que mama se volviera loca. Siempre sentí que las mudanzas eran por mi culpa. Ella no lo decía claramente. Pero yo lo sabía, en el fondo. Quizás si era un bicho raro después de todo. Ni alto, ni enano, un simple chico muy delgado con cabello trigueño y largo.

Iba a esperar unos días, la preparatoria comenzaba el otro semestre; mama había mencionado algo de una escuela nocturna, pero ya no importaba, no pensaba quedarme.

Dejaría algo del dinero en su cama, y me iría en una semana.

Fui hasta al auto a buscar algunas de mis cosas de una caja; una pelota de básquet, unas camisetas, unos peluches, y un bate de beisbol (todos regalos de cumpleaños de mis potenciales padrastros que no fueron)… al abrir el baúl y sacar las cosas el bate de beisbol se me resbalo y cayó al suelo, rodando hasta el pavimento. Oh si, estábamos cerca de la carretera en una curva que iba subiendo hacia las montañas. Cuando corrí para alcanzar el bate, vi el cartel al costado de la carretera. Un cartel azul que marcaba el nombre del bosque más cercano a unos Diez kilómetros.

El cartel estaba con unas perforaciones y rajaduras que parecían como si alguien hubiera clavado un rastrillo en él. Cuando mire mejor, parecía como si unas garras perfectamente simétricas habían marcado ese cartel de punta a punta.

Extraño. Osos supongo.

Quizás odiaban el lugar también, quizás solo querían ir a una playa, sentarse con un refresco, y ver el océano.

Roce con mis manos las aberturas del cartel, y luego di un golpe pequeño con mi puño. Como tocando una puerta.

-Bosque Privado, compañía Sekmec –exclame leyendo.

Extraño. Era la compañía que fabricaba mis pastillas.