Empire of the Dawn - Jay Kristoff (Saga Empire of the Vampire) (Descargar Español PDF-EPUB)


 


En un imperio ahogado en sombras, la última oración del Santo de Plata no será por la salvación... sino por la venganza.

Del autor superventas del New York Times de El imperio del vampiro y El imperio de los condenados, Jay Kristoff, llega la épica conclusión de esta serie número uno en ventas internacionales.

De la copa sagrada emana luz divina;
la mano fiel el mundo encamina.
Y ante la mirada de los Siete Mártires,
un simple hombre pondrá fin a esta noche eterna.

Gabriel de León ha perdido a su familia, su fe y la última esperanza de terminar con la noche eterna: su hija adoptiva, Dior. Sin más pensamiento que la venganza, él y una banda de hermanos leales viajan hacia el corazón de Elidaen, devastado por la guerra, para cobrarse la vida del Rey Eterno.

Sin que el último Santo de Plata lo sepa, el Grial aún vive, dirigiéndose velozmente hacia la capital sitiada de Augustin con la frágil esperanza de poner fin a la Muerte del Día. Pero una traición mortal aguarda en los pasillos del poder, mientras las legiones del Rey Eterno avanzan cada vez más cerca. Gabriel y Dior se verán arrastrados a una batalla final que definirá el destino mismo del Imperio, pero mientras el sol se pone por lo que podría ser la última vez, no quedará nadie en quien puedan confiar.

Ni siquiera el uno en el otro.


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CAPITULO 1


De copa santa, luz santa nace;

la fiel mano al mundo paz hace.

Ante los Siete Mártires,

un hombre pondrá fin a esta noche errante.

Ante los Cinco, llega ante uno,

con hoja bendita, bajo sol virginal,

por sangre sagrada, o por ninguna;

este velo ennegrecido será desecho.

—AUTOR DESCONOCIDO

 

OCASO

 

I

Era el vigésimo séptimo año de la muerte del día en el reino del Rey Eterno, y su asesino todavía esperaba morir.

El asesino se asomó de nuevo a la estrecha ventana para ver llegar su final. Tenía las manos tatuadas cruzadas a la espalda, manchadas de sangre tanto fresca como recordada. Su habitación estaba en lo alto de una torre solitaria, azotada por una tempestad tan incansable como él. Su puerta permanecía cerrada como un secreto; su corazón, más aún.

Desde su posición, estudió la procesión de abajo. Las figuras que avanzaban hacia la puerta eran pocas, pequeñas motas negras sobre un llano de escarcha. Pero su venida era un presagio que sacudía las piedras bajo sus pies, y su llegada le indicaba que su partida no estaba muy lejos. Que este juego, como todo lo bueno, pronto llegaría a su fin.

El castillo estaba despierto y los inmortales vestían sus mejores galas. Soldados vasallos con armadura oscura ocupaban las almenas, con lobos y lunas grabados en sus capas negras. En el patio interior, entre su corte exangüe, una Emperatriz de Lobos y Hombres esperaba a sus invitados. Un pálido historiador acechaba a su lado, con los ojos fijos en el asesino que lo observaba desde arriba.

El cielo era oscuro como el pecado.

El horizonte, tan rojo como los labios de su dama la última vez que la besó.

El asesino pasó el pulgar por sus dedos, rozando las letras tatuadas en sus nudillos.

—Paciencia —susurró.

 

II

Las puertas de Sul Adair se abrieron con el crujido del hielo y el lamento de bisagras congeladas.

El marqués Jean-François, historiador de los Sangre Chastain, estaba a la derecha de su Emperatriz, viendo cómo el gran rastrillo se elevaba como la hoja de un verdugo. El viento helado azotaba su cabello dorado mientras esperaba, irritado por haber sido interrumpido en su festín carnal por el sonido de las campanas. Vestido con sedas oscuras y una casaca de plumas de halcón, había bajado las escaleras maldiciendo la falta de decoro.

Cerca de la Emperatriz Margot, una multitud de cortesanos se alzaba en una pared de seda carmesí, pieles negras y brocado pálido. La propia Emperatriz vestía como la realeza que era: un vestido de terciopelo dorado y encaje de medianoche, con su cabello canoso recogido en trenzas enjoyadas. Había sido una mujer de mediana edad cuando se Convirtió, pero los siglos le habían otorgado una grandeza marmórea. Su rostro era una máscara sin sangre y sus ojos, negros como el infierno, vigilaban a los recién llegados.

Una docena de figuras entró a caballo bajo los arcos de la puerta. El líder desmontó y la nieve crujió bajo sus botas. Llevaba un espadón enorme atado a la silla, con la empuñadura adornada con osos. Al quitarse la capucha, reveló un rostro curtido y una mirada gélida. Su cabello era gris nieve, igual que su barba, y su piel pálida lucía el tatuaje de una sirena en el cuello. Al hablar, el brillo de colmillos dorados destacó en sus encías.

—Margot Chastain de la Sangre Chastain, la mayor de su estirpe y Priori de los Pastores —dijo el vampiro—. Te saludo, prima.

—Draigann Dyvok de la Sangre Dyvok, primogénito de Lilidh y ahora Priori de los Indómitos —Margot sonrió de forma imperceptible—. Te damos la bienvenida, primo.

—Agradecemos tu invitación, Lady Chastain, y por tu—

—Emperatriz.

El vampiro llamado Draigann vaciló.

—Emperatriz Chastain —dijo ella, suavizando su sonrisa.

Draigann miró a su banda: un grupo harapiento, supervivientes del ataque a Dún Maergenn. Eran los restos de una estirpe una vez poderosa, ahora reducida a cenizas.

—Tu reputación te precede, prima —dijo Draigann—. Pero aunque Margot sea la Emperatriz de lobos y hombres, los míos no son ninguna de las dos cosas. Somos la sangre del poderoso Tolyev. Somos los Indómitos, Lady Chastain. Y no nos arrodillamos ante nadie.

El descontento recorrió a los cortesanos reunidos, pero Margot solo sonrió con dulzura.

—El tiempo lo dirá.


Acarició a su lobo más cercano, un bruto llamado Lealtad.

—Nos dolió saber del asesinato de tu madre —continuó Margot—. Sentíamos afecto por la condesa Lilidh. Por su hermano Nikita, menos. Aun así, la caída de un Priori no es asunto trivial. Mis condolencias por la pérdida de vuestra capital y vuestro linaje.

Los Dyvok se tensaron ante el cebo, pero Draigann mantuvo la compostura.

—Gracias por tu amabilidad —dijo apretando la mandíbula—. Y por la oportunidad de hacer justicia contra quien se manchó con la sangre de los Dyvok.

—¿Justicia? —los ojos negros de Margot brillaron.

—En tu invitación mencionaste que habías capturado al perro que mató a Tolyev en el Prado Carmesí. El que asesinó a mis parientes. —¿Tienes bajo custodia a Gabriel de León? ¿O hemos viajado hasta este refugio olvidado para nada?

—Te olvidas de dónde estás, Dyvok.

Habló una mujer alta y rubia, Nicolette, con un vestido carmesí y un perro faldero bajo el brazo.

—Este refugio es la fortaleza más inexpugnable de Elidaen. Y esta Emperatriz ante la que te niegas a arrodillarte es la más anciana que camina sobre la tierra. Al menos le debes respet—

—Viscondesa.

El tono gélido de Margot cortó el discurso de la joven.

—Tenemos al León Negro —dijo la Emperatriz a Draigann—, gracias al ingenio de nuestra nieta Nicolette. Pero no os hemos invitado para una vulgar exhibición de justicia mortal. Estas guerras contra las ovejas han desangrado el imperio. Los señores de la sangre se pelean por migajas y nuestro Rey Eterno ha muerto. Si nuestras grandes casas no llegan a un acuerdo, pronto nos uniremos todos a Fabién en las orillas del infierno.

—Ni yo, Lady Chastain —cedió Draigann.

—Entonces, estad en paz. Eres joven en esta tierra, pero conoces la santidad de la Cortesía de los ancianos. Sois invitados de honor en Sul Adair. Kariim la Araña se acerca, y la Doncella de Hierro llegará pronto. Cuando los Priori de Ilon y Voss se sienten a mi mesa, decidiremos cómo se gobernará esta nueva noche. Y quién se arrodillará ante quién.

Draigann asintió lentamente.

—Dices la verdad, prima. Pero debo disentir en un asunto.

—Tu venganza llegará, Priori. Pronto la copa de Gabriel de León se secará. Te permitiremos ser testigo cuando finalmente le corten el cuello.

—Gracias, Lady —Draigann hizo una reverencia—. Pero no disiento sobre De León, sino sobre vuestra estimación de los otros invitados. Si esperabais a los Corazón de Hierro para el fin de semana, subestimasteis su deseo de venganza. Los vimos en el camino: Kestrel y su corte llamarán a vuestra puerta mucho antes de lo previsto.

El rostro de Margot permaneció impasible.

—Venid —dijo ella señalando las puertas—. Debéis de estar sedientos. Entrad y sed bienvenidos, hijos de Dyvok. La Sangre Chastain saciará vuestra sed.

Draigann hizo un gesto de cortesía. —Después de vos, gran Lady.

—Es raro encontrar a un caballero en estos días sin sol. Nicolette, muestra el comedor a nuestros invitados. Nos uniremos a vosotros en breve.

 

Margot y Jean-François se quedaron solos bajo la nieve. La Emperatriz se volvió hacia su hijo.

—Estamos ciegos en esta tempestad —dijo Margot—. Pero si este necio dice la verdad, Kestrel Voss está cerca. Es la mayor de los Corazón de Hierro y una verdadera Princesa de la Eternidad.

Jean-François miró hacia la torre, recordando los dedos del prisionero en su garganta.

—De León —dijo.

—Y su hermana. Hay más en su historia, marqués. El ejército del Trono Lunar, la caída de Dún Maergenn...

—Son mentirosos, madre —siseó el marqués—. De León dice que la copa está rota, que el Grial ha desaparecido. Pero una hora después, su hermana confesó que el Grial despertó en la tumba donde la enterraron, vivo y sano.

—Entonces su ruptura aún está por llegar en el relato —Margot le tocó la mejilla—. De León todavía siente un vínculo contigo. Úsalo, Jean-François. Prométele el mundo, pero tráeme lo que necesito: la verdad tras la caída del Grial y el fracaso de los Infieles. Pero hazlo rápido, hijo.

Jean-François asintió.

—Como mi Emperatriz ordene.

Margot se retiró, dejando al marqués solo bajo la nieve. Él se tocó el cuello herido, miró hacia la figura que observaba desde lo alto y entró en la fortaleza.



RESEÑA:


Um. Hola.

 

Me he pasado un buen rato mirando este texto y... wow. Estamos ante la continuación de una saga de fantasía gótica —probablemente reconozcan el nombre de Gabriel de León— y el autor no ha venido a jugar. Ha venido a beberse el mundo entero y a dejarnos a todos secos.

 

Para los que no conocen este mundo: imaginen que el sol murió hace veintisiete años. Se llama el "muertedía". Los vampiros, o "Kith", ahora gobiernan un imperio de sombras mientras los humanos son poco más que ganado o sirvientes llamados "vassals". Es un mundo de seda negra, nieve gris, sangre fresca y arquitectura imponente. Es hermoso de una manera que te hace querer cerrar los ojos, pero no puedes.

 

Hablemos de la simetría de este comienzo.

 

La primera parte nos muestra al asesino en la torre. Gabriel de León. "El León Negro". Está tatuado, tiene las manos manchadas de sangre y ojos del color de la tormenta. Está esperando su final. Me encanta esta imagen: el héroe caído, el prisionero que ya no tiene nada que perder. Para las que buscan a ese protagonista masculino que es todo cicatrices y arrepentimiento, Gabriel es el estándar de oro. Hay una melancolía en él que te hace querer subir a esa torre solo para... no sé, tal vez para decirle que todo va a estar bien, aunque sepas que es mentira.

 

Pero luego, el capítulo nos baja al patio de armas y conocemos a los depredadores que lo mantienen encerrado.

 

El Marqués Jean-François. "Mi pálida belleza", lo llama su madre. Es el historiador de la sangre, un vampiro de cabellos dorados y finura de seda que literalmente es interrumpido mientras se da un festín carnal para recibir a los invitados. Es arrogante, es elitista y vive en una jaula de oro construida por su creadora, la Emperatriz Margot.

 

Para el público que busca tensión y estética: Jean-François es fascinante. Es el "chico malo" refinado que tiene cicatrices en el cuello que aún están sanando. Su relación con Margot es... compleja. Ella lo acaricia mientras lo amenaza. Es una dinámica de control absoluto que me resulta extrañamente familiar. Es el tipo de personaje que atrae tanto a hombres como a mujeres por esa mezcla de peligro y fragilidad aristocrática.

 

Y luego están los invitados: Draigann Dyvok y su corte de "Indómitos". Son vampiros, pero son "reyes mendigos". Vienen de una masacre, huelen a caballo y a desesperación. Draigann tiene colmillos de oro y una espada que dobla el tamaño de un hombre. Él se niega a arrodillarse. Dice: "Somos la sangre del poderoso Tolyev... y no nos arrodillamos ante nadie".

 

Para los que vienen por la acción y la política: Esto es puro fuego. Tienes a tres o cuatro linajes de vampiros —los Chastain, los Dyvok, los Voss, los Ilon— reuniéndose en una fortaleza llamada "La Montaña que Bebe Soldados". No es una reunión de amigos; es una cumbre de monstruos que intentan decidir quién se queda con las sobras de un mundo que se apaga. Margot los ha invitado porque tiene al León Negro y, lo más importante, tiene la historia de lo que pasó con el "Grial".

 

El misterio central es brillante: Gabriel y su hermana están contando versiones diferentes de la misma historia. "Ambos son serpientes llenas del mismo veneno", dice Jean-François. Nos están preparando para una narrativa de "un libro dentro de un libro". Gabriel va a contar cómo cayó el mundo, y nosotros vamos a estar allí, escuchando cada mentira y cada verdad a medias.

 

Veredicto:

 

Si eres un fan de la saga, este es el regreso triunfal que esperabas. La prosa es rica, casi decadente, llena de términos como "ancién", "priori" y "carrion eaters". Te sumerge en la alta sociedad de los monstruos de una manera que te hace sentir que tú también llevas un abrigo de plumas de halcón y seda oscura.

 

Si eres nuevo, prepárate para un thriller de fantasía oscura donde no hay héroes, solo diferentes grados de maldad y belleza. Es una historia sobre el fin de los tiempos, sobre la fe perdida y sobre un hombre tatuado que tiene la llave de la salvación de un mundo que quizás no merece ser salvado.

 

Es brutal. Es elegante. Y es absolutamente adictivo.

 

 


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