En un imperio ahogado en sombras, la última oración del Santo de Plata no será por la salvación... sino por la venganza.
CAPITULO 1
De copa
santa, luz santa nace;
la fiel
mano al mundo paz hace.
Ante los
Siete Mártires,
un hombre
pondrá fin a esta noche errante.
Ante los
Cinco, llega ante uno,
con hoja
bendita, bajo sol virginal,
por sangre
sagrada, o por ninguna;
este velo
ennegrecido será desecho.
—AUTOR
DESCONOCIDO
OCASO
I
Era el
vigésimo séptimo año de la muerte del día en el reino del Rey Eterno, y su
asesino todavía esperaba morir.
El asesino
se asomó de nuevo a la estrecha ventana para ver llegar su final. Tenía las
manos tatuadas cruzadas a la espalda, manchadas de sangre tanto fresca como
recordada. Su habitación estaba en lo alto de una torre solitaria, azotada por
una tempestad tan incansable como él. Su puerta permanecía cerrada como un
secreto; su corazón, más aún.
Desde su
posición, estudió la procesión de abajo. Las figuras que avanzaban hacia la
puerta eran pocas, pequeñas motas negras sobre un llano de escarcha. Pero su
venida era un presagio que sacudía las piedras bajo sus pies, y su llegada le
indicaba que su partida no estaba muy lejos. Que este juego, como todo lo
bueno, pronto llegaría a su fin.
El castillo
estaba despierto y los inmortales vestían sus mejores galas. Soldados vasallos
con armadura oscura ocupaban las almenas, con lobos y lunas grabados en sus
capas negras. En el patio interior, entre su corte exangüe, una Emperatriz de
Lobos y Hombres esperaba a sus invitados. Un pálido historiador acechaba a su
lado, con los ojos fijos en el asesino que lo observaba desde arriba.
El cielo
era oscuro como el pecado.
El
horizonte, tan rojo como los labios de su dama la última vez que la besó.
El asesino
pasó el pulgar por sus dedos, rozando las letras tatuadas en sus nudillos.
—Paciencia
—susurró.
II
Las puertas
de Sul Adair se abrieron con el crujido del hielo y el lamento de bisagras
congeladas.
El marqués
Jean-François, historiador de los Sangre Chastain, estaba a la derecha de su
Emperatriz, viendo cómo el gran rastrillo se elevaba como la hoja de un
verdugo. El viento helado azotaba su cabello dorado mientras esperaba, irritado
por haber sido interrumpido en su festín carnal por el sonido de las campanas.
Vestido con sedas oscuras y una casaca de plumas de halcón, había bajado las
escaleras maldiciendo la falta de decoro.
Cerca de la
Emperatriz Margot, una multitud de cortesanos se alzaba en una pared de seda
carmesí, pieles negras y brocado pálido. La propia Emperatriz vestía como la
realeza que era: un vestido de terciopelo dorado y encaje de medianoche, con su
cabello canoso recogido en trenzas enjoyadas. Había sido una mujer de mediana
edad cuando se Convirtió, pero los siglos le habían otorgado una grandeza
marmórea. Su rostro era una máscara sin sangre y sus ojos, negros como el
infierno, vigilaban a los recién llegados.
Una docena
de figuras entró a caballo bajo los arcos de la puerta. El líder desmontó y la
nieve crujió bajo sus botas. Llevaba un espadón enorme atado a la silla, con la
empuñadura adornada con osos. Al quitarse la capucha, reveló un rostro curtido
y una mirada gélida. Su cabello era gris nieve, igual que su barba, y su piel
pálida lucía el tatuaje de una sirena en el cuello. Al hablar, el brillo de
colmillos dorados destacó en sus encías.
—Margot
Chastain de la Sangre Chastain, la mayor de su estirpe y Priori de los Pastores
—dijo el vampiro—. Te saludo, prima.
—Draigann
Dyvok de la Sangre Dyvok, primogénito de Lilidh y ahora Priori de los Indómitos
—Margot sonrió de forma imperceptible—. Te damos la bienvenida, primo.
—Agradecemos
tu invitación, Lady Chastain, y por tu—
—Emperatriz.
El vampiro
llamado Draigann vaciló.
—Emperatriz
Chastain —dijo ella, suavizando su sonrisa.
Draigann
miró a su banda: un grupo harapiento, supervivientes del ataque a Dún Maergenn.
Eran los restos de una estirpe una vez poderosa, ahora reducida a cenizas.
—Tu
reputación te precede, prima —dijo Draigann—. Pero aunque Margot sea la
Emperatriz de lobos y hombres, los míos no son ninguna de las dos cosas. Somos
la sangre del poderoso Tolyev. Somos los Indómitos, Lady Chastain. Y no nos
arrodillamos ante nadie.
El
descontento recorrió a los cortesanos reunidos, pero Margot solo sonrió con
dulzura.
—El tiempo
lo dirá.
Acarició a
su lobo más cercano, un bruto llamado Lealtad.
—Nos dolió
saber del asesinato de tu madre —continuó Margot—. Sentíamos afecto por la
condesa Lilidh. Por su hermano Nikita, menos. Aun así, la caída de un Priori no
es asunto trivial. Mis condolencias por la pérdida de vuestra capital y vuestro
linaje.
Los Dyvok
se tensaron ante el cebo, pero Draigann mantuvo la compostura.
—Gracias
por tu amabilidad —dijo apretando la mandíbula—. Y por la oportunidad de hacer
justicia contra quien se manchó con la sangre de los Dyvok.
—¿Justicia?
—los ojos negros de Margot brillaron.
—En tu
invitación mencionaste que habías capturado al perro que mató a Tolyev en el
Prado Carmesí. El que asesinó a mis parientes. —¿Tienes bajo custodia a Gabriel
de León? ¿O hemos viajado hasta este refugio olvidado para nada?
—Te olvidas
de dónde estás, Dyvok.
Habló una
mujer alta y rubia, Nicolette, con un vestido carmesí y un perro faldero bajo
el brazo.
—Este
refugio es la fortaleza más inexpugnable de Elidaen. Y esta Emperatriz ante la
que te niegas a arrodillarte es la más anciana que camina sobre la tierra. Al
menos le debes respet—
—Viscondesa.
El tono
gélido de Margot cortó el discurso de la joven.
—Tenemos al
León Negro —dijo la Emperatriz a Draigann—, gracias al ingenio de nuestra nieta
Nicolette. Pero no os hemos invitado para una vulgar exhibición de justicia
mortal. Estas guerras contra las ovejas han desangrado el imperio. Los señores
de la sangre se pelean por migajas y nuestro Rey Eterno ha muerto. Si nuestras
grandes casas no llegan a un acuerdo, pronto nos uniremos todos a Fabién en las
orillas del infierno.
—Ni yo,
Lady Chastain —cedió Draigann.
—Entonces,
estad en paz. Eres joven en esta tierra, pero conoces la santidad de la
Cortesía de los ancianos. Sois invitados de honor en Sul Adair. Kariim la Araña
se acerca, y la Doncella de Hierro llegará pronto. Cuando los Priori de Ilon y
Voss se sienten a mi mesa, decidiremos cómo se gobernará esta nueva noche. Y
quién se arrodillará ante quién.
Draigann
asintió lentamente.
—Dices la
verdad, prima. Pero debo disentir en un asunto.
—Tu
venganza llegará, Priori. Pronto la copa de Gabriel de León se secará. Te
permitiremos ser testigo cuando finalmente le corten el cuello.
—Gracias,
Lady —Draigann hizo una reverencia—. Pero no disiento sobre De León, sino sobre
vuestra estimación de los otros invitados. Si esperabais a los Corazón de
Hierro para el fin de semana, subestimasteis su deseo de venganza. Los vimos en
el camino: Kestrel y su corte llamarán a vuestra puerta mucho antes de lo
previsto.
El rostro
de Margot permaneció impasible.
—Venid
—dijo ella señalando las puertas—. Debéis de estar sedientos. Entrad y sed
bienvenidos, hijos de Dyvok. La Sangre Chastain saciará vuestra sed.
Draigann
hizo un gesto de cortesía. —Después de vos, gran Lady.
—Es raro
encontrar a un caballero en estos días sin sol. Nicolette, muestra el comedor a
nuestros invitados. Nos uniremos a vosotros en breve.
Margot y
Jean-François se quedaron solos bajo la nieve. La Emperatriz se volvió hacia su
hijo.
—Estamos
ciegos en esta tempestad —dijo Margot—. Pero si este necio dice la verdad,
Kestrel Voss está cerca. Es la mayor de los Corazón de Hierro y una verdadera
Princesa de la Eternidad.
Jean-François
miró hacia la torre, recordando los dedos del prisionero en su garganta.
—De León
—dijo.
—Y su
hermana. Hay más en su historia, marqués. El ejército del Trono Lunar, la caída
de Dún Maergenn...
—Son
mentirosos, madre —siseó el marqués—. De León dice que la copa está rota, que
el Grial ha desaparecido. Pero una hora después, su hermana confesó que el
Grial despertó en la tumba donde la enterraron, vivo y sano.
—Entonces
su ruptura aún está por llegar en el relato —Margot le tocó la mejilla—. De
León todavía siente un vínculo contigo. Úsalo, Jean-François. Prométele el
mundo, pero tráeme lo que necesito: la verdad tras la caída del Grial y el
fracaso de los Infieles. Pero hazlo rápido, hijo.
Jean-François
asintió.
—Como mi
Emperatriz ordene.
Margot se
retiró, dejando al marqués solo bajo la nieve. Él se tocó el cuello herido,
miró hacia la figura que observaba desde lo alto y entró en la fortaleza.
RESEÑA:
Um. Hola.
Me he
pasado un buen rato mirando este texto y... wow. Estamos ante la continuación
de una saga de fantasía gótica —probablemente reconozcan el nombre de Gabriel
de León— y el autor no ha venido a jugar. Ha venido a beberse el mundo entero y
a dejarnos a todos secos.
Para los
que no conocen este mundo: imaginen que el sol murió hace veintisiete años. Se
llama el "muertedía". Los vampiros, o "Kith", ahora
gobiernan un imperio de sombras mientras los humanos son poco más que ganado o
sirvientes llamados "vassals". Es un mundo de seda negra, nieve gris,
sangre fresca y arquitectura imponente. Es hermoso de una manera que te hace
querer cerrar los ojos, pero no puedes.
Hablemos de
la simetría de este comienzo.
La primera
parte nos muestra al asesino en la torre. Gabriel de León. "El León
Negro". Está tatuado, tiene las manos manchadas de sangre y ojos del color
de la tormenta. Está esperando su final. Me encanta esta imagen: el héroe
caído, el prisionero que ya no tiene nada que perder. Para las que buscan a ese
protagonista masculino que es todo cicatrices y arrepentimiento, Gabriel es el
estándar de oro. Hay una melancolía en él que te hace querer subir a esa torre
solo para... no sé, tal vez para decirle que todo va a estar bien, aunque sepas
que es mentira.
Pero luego,
el capítulo nos baja al patio de armas y conocemos a los depredadores que lo
mantienen encerrado.
El Marqués
Jean-François. "Mi pálida belleza", lo llama su madre. Es el
historiador de la sangre, un vampiro de cabellos dorados y finura de seda que
literalmente es interrumpido mientras se da un festín carnal para recibir a los
invitados. Es arrogante, es elitista y vive en una jaula de oro construida por
su creadora, la Emperatriz Margot.
Para el
público que busca tensión y estética: Jean-François es fascinante. Es el
"chico malo" refinado que tiene cicatrices en el cuello que aún están
sanando. Su relación con Margot es... compleja. Ella lo acaricia mientras lo
amenaza. Es una dinámica de control absoluto que me resulta extrañamente
familiar. Es el tipo de personaje que atrae tanto a hombres como a mujeres por
esa mezcla de peligro y fragilidad aristocrática.
Y luego
están los invitados: Draigann Dyvok y su corte de "Indómitos". Son
vampiros, pero son "reyes mendigos". Vienen de una masacre, huelen a
caballo y a desesperación. Draigann tiene colmillos de oro y una espada que
dobla el tamaño de un hombre. Él se niega a arrodillarse. Dice: "Somos la
sangre del poderoso Tolyev... y no nos arrodillamos ante nadie".
Para los
que vienen por la acción y la política: Esto es puro fuego. Tienes a tres o
cuatro linajes de vampiros —los Chastain, los Dyvok, los Voss, los Ilon—
reuniéndose en una fortaleza llamada "La Montaña que Bebe Soldados".
No es una reunión de amigos; es una cumbre de monstruos que intentan decidir
quién se queda con las sobras de un mundo que se apaga. Margot los ha invitado
porque tiene al León Negro y, lo más importante, tiene la historia de lo que
pasó con el "Grial".
El misterio
central es brillante: Gabriel y su hermana están contando versiones diferentes
de la misma historia. "Ambos son serpientes llenas del mismo veneno",
dice Jean-François. Nos están preparando para una narrativa de "un libro
dentro de un libro". Gabriel va a contar cómo cayó el mundo, y nosotros
vamos a estar allí, escuchando cada mentira y cada verdad a medias.
Veredicto:
Si eres un
fan de la saga, este es el regreso triunfal que esperabas. La prosa es rica,
casi decadente, llena de términos como "ancién", "priori" y
"carrion eaters". Te sumerge en la alta sociedad de los monstruos de
una manera que te hace sentir que tú también llevas un abrigo de plumas de
halcón y seda oscura.
Si eres
nuevo, prepárate para un thriller de fantasía oscura donde no hay héroes, solo
diferentes grados de maldad y belleza. Es una historia sobre el fin de los
tiempos, sobre la fe perdida y sobre un hombre tatuado que tiene la llave de la
salvación de un mundo que quizás no merece ser salvado.
Es brutal.
Es elegante. Y es absolutamente adictivo.
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