En una corte de sombras y secretos, la lealtad es un arma... y el corazón, el mayor de los riesgos.
CAPITULOS INICIALES:
PRÓLOGO
Alyth
9 de marzo de 1566
Palacio de Holyrood, Escocia
Hay dos
tipos de poder: el que te viene de cuna y el que arrebatas.
Mary Stuart
fue coronada reina de los escoceses con menos de una semana de vida. Siempre es
obedecida. Por eso, cuando se gira hacia mí y me ordena hacer magia, sé que no
tengo opción. Estamos en su cámara privada de cena con David Rizzio, su
secretario italiano, y su media hermana, Lady Jean. Ella confía en ellos para
guardar mi secreto.
—No seas
aburrida, Alyth —se queja Mary, agitando la mano—. Haz algo.
En la corte
soy Alyth Graham, una hija bastarda invisible. Me viene bien, porque solo soy
una Graham por parte de madre. Por ese lado también soy humana.
—No soy un
oso de feria —gruño.
—¿Por
favor? —pide Lady Jean.
—Puedes
confiar en nosotros —añade David.
Veo sus
auras: el púrpura leal de David, el rosa del amor y el naranja de la seguridad
que rodea a Jean y Mary. Me siento a salvo.
—Está bien
—cedo.
Hago que
los tapices de las paredes cobren vida. Los helechos se agitan con una brisa
irreal y las flores tejidas se inclinan hacia David.
—Esto es...
—David intenta tocar un conejo que asoma entre los troncos, pero al contacto,
la ilusión desaparece. El tapiz vuelve a ser tela. Los glamours no cambian la realidad, solo su apariencia.
David mira
a Mary con asombro, pero una sombra de celos cruza el rostro de la reina. Ella
no tiene ni una gota de magia.
—Basta,
Alyth —dice con frialdad.
Retiro mi
magia. David me mira con respeto y se lleva una mano al corazón.
—Gracias,
Lady Alyth, por mostrarme...
Un grito
desgarra la noche desde la escalera de piedra. Mary se lleva las manos a su
vientre de embarazada. Jean me mira aterrada. Se oyen disparos.
—¡Detrás de
mí! —ordeno. Levanto las manos para crear una barrera protectora.
—¡David!
—grito—. ¡Acércate!
—Debo
defender a la reina —responde él con nobleza absurda, buscando su daga.
—No, solo
ponte detrás...
La puerta
se abre y estalla el caos. Los hombres de Ruthven entran en tropel. Lord
Darnley, el marido de la reina, blande una pistola. Tejo un glamour complejo para ralentizar el tiempo. Todos se
mueven como si estuvieran bajo el agua. Todos menos Darnley. Él tiene sangre fae , diluida pero suficiente para resistir mi
magia.
—¿Qué estás
haciendo? —le siseo.
Darnley
tiene una piedra roja en una jaula de alambre dorado. Una piedra de los Gorros
Rojos ( Red Caps ), faes que se alimentan de la matanza.
—Yo seré el
rey —dice Darnley.
Estalla la
piedra contra el suelo y surge una niebla roja. Esa niebla marca a una víctima
para que los hombres hechizados la asesinen. Darnley apunta a su propia esposa.
Debo actuar rápido. Convoco viento de la chimenea para desviar la niebla.
La niebla
se aleja de la reina... y envuelve a David.
Mi glamour se rompe. El tiempo recupera su velocidad.
Ruthven atraviesa el corazón de David con su espada.
—¡No! —ruge
Mary.
Es tarde.
Los hombres se ensañan con él. Cuento cada golpe: cincuenta y cinco, cincuenta
y seis, cincuenta y siete. La sangre llueve sobre nosotras, pero mi barrera
impide que el acero nos toque. Darnley observa desde el umbral, impecable.
—Puedo
esperar —dice él con naturalidad—. Mientras tanto, esto es... útil.
Se fija en
el violín de David, destrozado sobre el cadáver.
—Tu magia
no siempre podrá detenerme, pequeña bastarda fae —me
sonríe.
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CAPÍTULO 1
Alyth
Noviembre de 1566
Castillo de Stirling
—Al menos
he estado libre de él por un tiempo —dice la reina Mary.
Las damas
murmuran su acuerdo. Desde la primavera, la tensión es absoluta. Todos los Leths —humanos con sangre fae — sabemos que se usó un arma de los Gorros
Rojos.
—¿Por qué
no toco algo? —sugiere Lady Fleming, acercándose a un violín.
—No. —La
voz de Mary es puro hielo. Lady Fleming deja el instrumento en silencio.
Recordamos demasiado bien aquel violín astillado sobre la piedra ensangrentada.
Han pasado
nueve meses. El príncipe James ha nacido, Mary casi muere por una enfermedad y
Darnley ha estado ausente, pero regresará pronto para el bautizo.
—Desearía
que se quedara en Edimburgo —suspira Mary.
—Si yo
estuviera casada con Darnley, preferiría tenerlo en un castillo aparte —dice
Lady Seton entre risas.
—Yo
preferiría tenerlo en una alcantarilla aparte —mascullo.
Las risas
cesan. He cruzado una línea. Mi estatus es bajo. Pero Mary sonríe levemente.
Estoy a salvo. De pronto, Mary tose. Su palidez me recuerda que no pude
protegerla del veneno que casi la mata hace poco.
—¿Su
Alteza? —pregunto mientras las otras damas corren a atenderla.
Me quedo en
las sombras. Soy la Leth de mayor rango en Escocia, hija de un príncipe
fae , pero aquí me ordenan como a una
sirvienta. Mi deber, asignado por mi padre, es proteger a la reina para
mantener la estabilidad entre este mundo y el reino fae .
En tres
meses he encontrado tres armas de los Gorros Rojos: un vial de veneno para
pozos, una daga con veneno de beithir y unos zapatos que habrían devorado la carne
de la reina. No sé quién los coloca, aunque sospecho de Darnley.
Mary se
levanta para buscar una aguja.
—Mi aguja
se ha roto —se queja.
Mis vellos
se erizan. Veo la caja de agujas dorada. Una de ellas emite un tenue brillo
rojo. Actúo por instinto y lanzo una barrera sobre Mary que la deja congelada
en el lugar.
—¿Su
Alteza? —pregunta Lady Seton.
Lady Reres
y Lady Livingston, que también son Leths
, lanzan un glamour para distraer a las humanas: hacen que el
vestido de Lady Seton se desabroche y caiga. Mientras todas corren a ayudarla,
yo llego hasta la reina.
Retiro la
aguja de sus dedos antes de liberarla.
—¿Qué
diablura has hecho, Alyth? —me sisea Mary—. Danos privacidad y explícate.
Envío
nuestras voces hacia el techo mediante magia para que nadie nos oiga.
—Si esto le
pinchara el dedo —le digo, mostrándole la aguja—, drenaría cada gota de su
sangre hasta dejarla como una cáscara seca.
Mary
palidece.
—¿Otra...?
—Arma de
los Gorros Rojos, sí.
—¿Ha sido
él? —pregunta Mary, refiriéndose a su marido.
—No lo sé.
—Si fuera
reina de Inglaterra, sería fácil cortarle la cabeza —desea ella con amargura.
—Mantengamos
esos pensamientos en privado —le advierto.
—Deseo
tener tu poder —me dice Mary—. Quizá así habría sabido que no debía casarme con
Darnley si hubiera visto sus...
—Auras —le
aclaro—. Pero no me creíste cuando te advertí sobre él.
Ella
levanta la mano para callarme. Se casó con él por un glamour de seducción y ahora es tarde.
—Esto es
más grande que la ambición de un hombre —le digo en voz baja—. Podría ser el
inicio de una guerra. Aunque... yo podría... "encargarme" de Darnley.
Ella se
muerde el labio. No quiere que su bebé sea declarado bastardo si ejecuta al
rey.
—Podría
parecer un accidente —le sugiero—. Una caída al mar. Las banshees estarían encantadas de gritarle hasta que le
explotara el cerebro.
—Creo
que... no. Todavía no —responde ella.
Me frustra.
Mi verdadera misión es proteger el Muro mágico que mantiene a los Gorros Rojos
fuera de Escocia, y Mary es solo una pieza.
—Los Gorros
Rojos no han intentado entrar en siglos, ¿verdad? —pregunta Mary—. ¿Por qué
ahora?
—No lo sé.
Quizá alguien encontró sus armas. O quizá han descubierto que soy la guardiana
más débil que ha tenido el Muro y saben que no puedo proteger a todos. Tengo
que ir a la frontera a revisar el sello.
—No —dice
Mary con fuerza—. Te necesito aquí para protegerme.
—Recuerda
que yo mando en las sombras —le gruño—. Protegerte es una elección que hice, no
una obligación.
Lady
Livingston se queda sin aliento por mi tono.
—¿Crees que
no pongo a mi país primero? —me desafía Mary.
—Volveré en
unos días —digo dándome la vuelta.
—¡No te he
dado permiso!
Hago un
gesto con las manos. El glamour de silencio desaparece y pongo uno nuevo: una
mancha oscura y fea en la cara de la reina.
—¡Su
Alteza! —exclama Lady Seton—. ¿Qué tiene en la cara?
Mary se
lleva las manos a la mejilla horrorizada. Mientras todas corren por paños y
cosméticos, yo salgo de la habitación. Nadie nota mi partida.
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RESEÑA:
"De
acuerdo. Si creen que las cortes reales son solo bailes y vestidos de seda, no
han estado prestando atención. Lo que tenemos aquí es una Escocia del siglo XVI
empapada en sangre, paranoia y una magia que se siente tan afilada como una
daga en las costillas. Bienvenidos a la corte de María Estuardo, donde el
peligro no viene solo de los hombres, sino de lo que se esconde en su
sangre."
"Hablemos
de Alyth. Ella es lo que llaman una Leth
. Mitad humana, mitad fae. 'Parte de nada, nunca un todo'. Dios, esa frase me
golpeó. Ella es invisible por diseño; una bastarda en la corte que nadie nota,
pero que sostiene los hilos de la realidad para que la Reina no muera
desangrada. Es una posición que entiendo demasiado bien: ser el que observa
desde las sombras, el que tiene todo el poder pero debe fingir que no tiene
ninguno para que los 'sangre azul' no se sientan intimidados. Alyth es el ancla
de esta historia, y su resentimiento hacia la Reina —que es caprichosa, celosa
y mortalmente humana— es lo que le da un sabor tan amargo y real a la
trama."
"La
construcción del mundo es... visceral. Aquí no hay varitas brillantes. Hay glamours que engañan al ojo y hay magia de los 'Red
Caps', hadas viciosas que se alimentan del caos. La escena del asesinato de
David Rizzio es una pesadilla magistral. Cincuenta y siete puñaladas. El sonido
de un violín rompiéndose sobre un charco de sangre. La sangre que llueve sobre
los presentes porque, aunque el escudo mágico de Alyth detiene el acero, no
detiene el líquido. Es una imagen que no te puedes quitar de la cabeza. Es como
si el glamour de la corte se desmoronara para mostrar la carnicería que siempre
estuvo ahí."
"Y
luego tenemos a Darnley. El Rey consorte. El villano.
Es el
ejemplo perfecto del 'Príncipe Encantador' cuya máscara se cayó en cuanto
obtuvo el anillo. Se casó con la Reina bajo un glamour de ingenio y belleza, y ahora es solo un
traidor que introduce armas mágicas de los Red Caps en el palacio para intentar
asesinar a su propia esposa embarazada. Es un monstruo manipulador que usa el
miedo como moneda de cambio. Si les gustaron las dinámicas de traición y
realeza de 'The Cruel Prince' de Holly
Black , Darnley les va a revolver el
estómago de la misma manera."
"La
tensión entre Alyth y María es fascinante. Alyth tiene la tarea de proteger a
la Reina no por amor, sino por deber hacia el reino de las hadas. Hay una
escena donde Alyth le salva la vida de una aguja encantada que le habría
drenado toda la sangre del cuerpo, y María... María solo está enojada porque
Alyth le robó el protagonismo. Es una relación tóxica de dependencia mutua.
María tiene la corona, pero Alyth tiene los dientes."
"Lo
que se intuye aquí es una trama de espionaje mágico y supervivencia. Alguien
está introduciendo armas de los Red Caps en el castillo: agujas que secan
cuerpos, dagas con veneno de beithir, zapatos que devoran la carne. Es una
guerra fría entre lo humano y lo sobrenatural en medio de la reforma religiosa
escocesa. Se siente como una versión mucho más oscura y sangrienta de 'Shadow and Bone' de Leigh Bardugo , donde el sistema de castas es real y los
que tienen el poder están dispuestos a quemarlo todo con tal de no perder su
estatus."
"Para
mi público especializado: el concepto de los Leth es
el gancho definitivo. Esa sensación de no pertenecer a ningún mundo, de ser
juzgada por humanos y por hadas, mientras intentas mantener un muro mágico que
está a punto de colapsar porque te sientes 'débil'. Alyth cree que no es lo
suficientemente buena, pero la forma en que manipula el tiempo y la percepción
sugiere que es la criatura más peligrosa en Stirling Castle."
Si les
gusta la historia mezclada con horror folclórico, las protagonistas que muerden
y los villanos que huelen a vino y traición, este libro les va a quitar el
sueño. Solo... tengan cuidado con lo que tocan en el costurero."
"Piénsenlo.
Una aguja roja que brilla en la oscuridad, una reina que no sabe en quién
confiar y una guardaespaldas que solo quiere que el mundo deje de ser tan
malditamente caótico. Yo ya estoy contando las puñaladas hasta el próximo
capítulo."

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